
Bueno, alguien tenía que romper el hielo…me ponía nervosa verlo tan vacío…así que empiezo yo.
Tengo una obsesión, desde hace mucho, pero se acentúa cada vez más, sobre todo desde que creamos el blog y quise escribir sobre ésto que me pasa, supongo que se debe a que empecé a observarla mucho más.
Mi obsesión –una de tantas- es saber qué pasa por la cabeza de mi perra Lola. Me intriga conocer el significado de cada una de sus miradas, qué estará pensando. No nos pongamos literales con si los animales piensan o no.
Hay algunas que son claramente entendibles: “Sacame a pasear”, “dame comida” (o agua en su otra variante) o “dejame dormir”.
Con respecto a la última, debo confesar que es casi imposible, verla tan tranquila, tan pasiva, me motiva a tirármele encima y llenarla de besos – y más de una vez morderle las orejas, hace un llantito de lo más tierno-. Sin embargo, por más cruel que esto parezca, cuando lo hago Lola se me acerca y me juega, y me busca… ¿Qué es lo que piensa? ¿No se da cuenta de que le estoy haciendo una maldad?
Y a la inversa, me pasó más de una vez estar haciéndole mimos en la panza, donde a estos bichos les encanta, y que me mantenga la mirada fija, como si estuviese enojada.
Ni hablar de cuando espía de reojo…eso me vuelve loca… ¿Qué me querrá decir? Si pudiese elegir tres poderes, sin duda que uno sería meterme en la cabeza de los perros…los otros dos no vienen al caso.
Podría escribir horas sobre las miradas de Lola, pero la tengo sentada acá al lado mió, tan tranquila, tan pasiva, que mejor prefiero ir a morderle las orejas…
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